Los superhéroes a la luz de los héroes

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Un héroe bobalicón, de fuerza sobrehumana, poco profundo. Así definió Carlos García Gual a Superman en su Diccionario de mitos. El primero de los superhéroes llegó al cómic en los años 30, producto de una mezcla de diferentes tradiciones, mitos y leyendas. Sin embargo, más significativo que su procedencia es el hecho de que estos personajes aparezcan en época de reciclaje cultural y de expansión de ideales políticos. De reciclaje, porque las llamadas “vanguardias” entonces en boga no dejan de ser una expresión tremendamente conservadora y nada transgresora de la necesidad de sustituir la religión por un nueva figura de transcendencia. De expansión, porque surgen en el momento en el que los estadounidenses se erigirán como los campeones de la democracia.

Desde su creación, los superhéroes se han movido del cómic al cine. Y hoy siguen vehiculando valores y miedos, como ya hicieran los antiguos héroes. Pensemos en cuántos de ellos no serían lo que son sin la intervención de la tecnología y cuántos deben sus capacidades semidivinas a experimentos que escapan al control de sus creadores. Cuando en las últimas décadas del siglo pasado el cómic parecía perder fuerza, llegó la gran pantalla para hacerlo resurgir. Pero, ahora, nos dicen, se replantean, se ridiculizan y se rebaten los valores que encarnan. Batman renace. Watchmen pretende ser una revisión del papel del superhéroe que cuestiona los límites entre héroe y villano. Y en una operación que pretende poner el contador a cero, se presenta la nueva etapa Marvel Now!, como hiciera DC con The New 52.

De nuevo, ninguna sorpresa. Si algo caracterizó a los héroes es que jamás formaron parte de listas cerradas y que se mueven en un tiempo que no tiene ni origen ni final. Además, los mismos griegos se burlaron de sus propios héroes. El gran Hércules, en manos del comediógrafo Aristófanes, no era más que un tipo medio lelo y glotón. E incluso un asesino podía ser honrado como héroe, como fue Cleomedes de Astipalea.

Este año se estrenan películas como Deadpool, Batman vs Superman: Dawn of Justice, Captain America: Civil War, X-Men: Apocalypse y Suicide Squad. Y en 2017 se esperan más. La explicación que se suele dar a estos “renaceres”, que son fruto de épocas de crisis donde aumenta la necesidad de referentes y de evadirse, no es del todo convincente. La cultura popular siempre ha demandado y sigue demandando héroes. No necesita de momentos percibidos como especialmente peliagudos.

Héroes de ‘patchwork’

Teseo se convirtió, con la llegada de la primera democracia griega, en la gran figura heroica de Atenas. Sin embargo, este personaje no había despertado demasiado interés en los mandamases de los anteriores tiempos homéricos. La leyenda del, según algunas versiones, hijo del mismísimo Poseidón, corrió durante siglos gracias a los cuentos populares. Pero no caló en la poesía épica que apenas lo menciona y, cuando lo hace, se tiende a pensar que son “morcillas” que los propios atenienses colaron en el texto homérico para su mayor gloria.

Teseo es un personaje secundario que se convierte en héroe de primera fila en el momento en que los atenienses necesitan de figuras que legitimen los nuevos valores de la estrenada democracia. Es entonces cuando adquiere una entidad marcadamente política y las historias que de él se cuentan lo presentan como el héroe defensor del nuevo gobierno de Atenas. Es decir, cuando se le necesita, se le convierte en una justificación ideológica y simbólica de las ideas defendidas por los demócratas, entre ellas, el imperialismo. Su legendaria lucha contra las amazonas será la antesala de la lucha de los griegos contra los persas.

En virtud de un poder único y sobrehumano y de una posición preeminente en la sociedad, un héroe era para los griegos un muerto que vivió en el tiempo cíclico del mito, donde no hay ni un antes ni un después, y que recibía veneración, ya que protegía desde la tumba a una determinada comunidad, ya fuera una familia, un grupo o una ciudad entera. Las primeras sepulturas de héroes honrados con algún tipo de culto se remontan a setecientos años antes de nuestra era, en la época homérica. El culto heroico, fruto de unas costumbres rituales de la aristocracia homérica que subsumieron mitos y leyendas pretéritos, es una pura construcción de la llamada “edad oscura” de Grecia, que va desde la caída de Micenas hasta el arcaísmo griego. En ese momento, con el nacimiento de las primeras ciudades griegas, se reinterpretan antiguos cuentos y leyendas de los cuáles ya no se tienen todas las claves y se crean nuevos relatos que justifican y corroboran el presente de los asentamientos recién creados, confiriéndoles un prestigio y protección que sólo da el poseer antecedentes ilustres. La edad oscura fue una época en la que se recicló de todo. También relatos que dieron paso a nuevos mitos.

Ya en nuestra era, la figura que más similitudes presentó con el héroe fue la del santo, cuyas hagiografías se construyeron siguiendo la técnica del patchwork. Los dioses griegos eran inaccesibles. Los héroes son muy cercanos. Con la llegada del dios cristiano, que a diferencia de los dioses paganos, se mete en todas las costuras de la vida del hombre, los héroes dejan de tener sentido y se difuminan en la más opaca figura del santo. Cierto es que sigue habiendo otros a los que se llama héroes, pero ya no tienen el brillo de los antiguos Hércules o Teseo. Tras la Ilustración y la llegada del romanticismo, vuelve a reinterpretarse esta figura, escindida ahora en dos grandes epifanías: el héroe nacionalista/patriótico y el héroe oscuro.

Falta poco para el alumbramiento de los “superhéroes”, que reproducirán sin empacho algunas características de sus antepasados los héroes: sólo hará falta un grupo o pueblo que lo requiera y una época en la que se haya perdido conciencia del pasado. Borges expresó maravillosamente, quizá sin que fuera su propósito principal, esta inclinación en su Tema del traidor y del héroeEntendió que nos nutrimos de un rehacer sin fin. Y ahora estamos en otra época de reciclaje. Si es que queda ya algo que reciclar.

Para saber más (y mejor):

Alberto Bernabé, Dioses, héroes y orígenes del mundo

Walter Burkert, Religión griega

María José Lucerga, “Del uniforme del Capitán América al azul desnudo del Dr. Manhattan: Ascenso y caída del superhéroe como principio de construcción identitaria”, en Tonos. Revista electrónica de estudios filológicos

 

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